Había una vez una princesa que vivía detrás de tres valles encantados. La princesaera alegre y gustaba decir siempre la verdad. Pero no siempre podía hacer lo quequería. Los valles, aunque bellos y verdes eran, no siempre se podía encontrar en ellos aquello que quería.
La diminuta princesa (¡porque vaya que era diminuta..!) estaba un día preocupadapor muchas cosas que a ella le pasaban. Su salud era buena, pero, como en todas partes y en todas personas, no siempre las cosas son como uno quisiera.
La princesa que era de origen judío consultó entonces a varios astrólogos, médicos,brujos y hechiceros... Trataba de encontrar respuesta a muchas dudas que tenía. Ycomo en todas partes, algunos le hablaron con verdades, pero muchos otros lehablaron con mentiras y con engaños.
Y se puso a recorrer estos tres valles que le circundaban y en cada uno de ellos fueencontrando algunas de las respuestas a sus chicas, medianas o grandes preguntas.En el primer valle encontró un hilo transparente, el hilo transparente de la verdad.En el segundo encontró algo por ella jamás visto antes, que era la palabra escrita
a través de una mágica pantalla. Y en el tercero de los valles encontró un mágicoespejo donde contemplaba su rostro y al que a cada pregunta que hacía el espejole respondía: “Tú mejor que nadie sabe la respuesta a ello”.
Y esto es tan sólo parte del relato de la pequeña y diminuta princesa de gran corazónque cada día 10 de noviembre, esto es, el décimo día del onceno mes del año cristianocelebraba su cumpleaños. Todo esto entre familia y amigas y amigos allegados, quienesdepartían en la mesa el pan, el queso, el vino y el cordero. También teniendo de fondouna buena música y sobre todo con un gran espíritu de unión y amistad familiar en la que vivía esta gentil princesa.
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