| La paternidad madura ¿Padres o abuelos? |
| escrito por padresok.com | |
| jueves, 06 de julio de 2006 | |
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Las brechas generacionales entre padres e hijos pueden manifestarse en distintas etapas de la vida, pero tienden a hacer crisis en la adolescencia. En casi todas las familias se produce un quiebre debido al proceso de transición cognitiva, emocional, social y física por la que atraviesa el joven, que se convierte en un escenario distinto para los padres, a quienes les cuesta aceptar la nueva forma de ser del hijo y se les produce una gran dificultad con respecto al tipo de disciplina que hasta ahora habían llevado con él. La psicóloga infanto-juvenil Pamela Maturana señala que es natural que en este período se produzca un desajuste, pues corresponde a una reacción normal de adaptación frente al cambio que afecta a ambos. “Las transformaciones del adolescente y la percepción de los mismos padres de que ellos también van madurando y envejeciendo va generando necesariamente cambios en el estilo de relación. Estos cambios generan conflictos, los que a su vez cumplen un rol adaptativo en la medida que puede ser una instancia de aprendizaje, en donde se estimula la capacidad para tolerar al otro, y en donde los miembros del hogar deben esforzarse por intentar establecer una familia más firme a través del afecto y no de la autoridad”.
En estos casos la crisis va a estar influida por muchos factores; el estilo de crianza de los propios padres, el proceso de gestación, posibles problemas en el nacimiento y la cantidad de hijos que tenga el matrimonio. Sin embargo, también hay algunos aspectos que pueden afectar negativamente al hijo adolescente, o que de una u otra forma les hace sentir que su familia no es igual a las otras: al asumir su adolescencia, el joven es capaz de comprender mejor las características de sus padres en relación a su edad y etapa de vida, y con ello puede verse aumentado su temor natural a perderlos a temprana edad. Esto los obliga, en cierta forma, a planificar mejor su futuro, a organizar su independencia o su vida familiar e incluso a cuestionarse qué hará con sus “viejos” cuando ya no puedan valerse por sí mismos, de una forma mucho más concreta que el común de los adolescentes Normas claras a cualquier edad
Es fundamental evitar cualquier tipo de descalificación, rechazo o ataque, ya sea a su imagen o la de sus amigos y, por el contrario, destacar aquellas cualidades positivas que se observan en él para reforzar su autoestima. También es necesario explicitar normas claras y precisas, y las consecuencias que puede traer su incumplimiento. En todo caso, la psicóloga explica que la crisis de la adolescencia, habitualmente comienza antes, es decir, va a estar directamente relacionada con la relación que se haya dado durante la infancia, por lo cual es muy probable que si han existido “detalles”, estos se intensifiquen y vayan generando una rebeldía que lleve al adolescente a adoptar pautas de comportamiento absolutamente opuestas a las que ha observado en la familia. “Es muy importante que, más allá de la edad que puedan tener los padres al llegar la adolescencia de sus hijos, sean capaces de asumir su rol de tales y adaptarse a las necesidades que los hijos tendrán en las distintas etapas de su desarrollo. En este sentido, ser amistoso o afectuoso, puede ser una vía para acercarse y evitar perder el control cuando se acerque el periodo de conflicto”, indica Maturana. Lo fundamental es que los padres sean capaces de potenciar el desarrollo socioemocional, físico y psicológico de su hijo y le inculquen valores que le permitan relacionarse positivamente con el medio social e independizarse del núcleo familiar con seguridad y confianza. En otras palabras, que transmitan a sus hijos la necesidad de ser y hacer algo, y de tener un proyecto de vida que lo beneficie a él y a los demás.
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