 Entre los 6 y 10 años el niño se encuentra en la etapa concreta, en que está volcado al mundo y aparecen importantes sentimientos relacionados con "lo justo", situación que trasladan al ámbito de hermanos. Ya han abandonado el egocentrismo del periodo anterior, por lo que los juegos son más de "roles" y de "equipo", aumentando los momentos de "juego común", lo que hace que se produzcan roces más frecuentes.
¿Por qué pelean?
La relación con los hermanos es, como sostiene la psicóloga infanto-juvenil de la Universidad Católica, Ximena Contreras, distinta a la que se establece con el grupo de pares, pues, generalmente hay diferencias de edad, con dinámicas propias y a veces "duelos". Además, en esta etapa, la convivencia entre hermanos queda situada en un segundo lugar de importancia luego de la que se mantiene con los padres.
Agrega la especialista que se debe tener presente que cuando un hermano crece y cambia de etapa, reflejando el menor esta "separación temporal", puede haber emociones ligadas a frustración, celos, envidia, rivalidad por juegos o juguetes, junto con sentimientos positivos como alegría, compromiso y actitudes beneficiosas como compartir. “En toda esta dinámica relacional, el niño aprende normas de funcionamiento social que después podrán serle de utilidad en otras situaciones”.
Los niños que han crecido junto a hermanos suelen mostrar más desenvoltura en sus relaciones que aquellos que sólo han convivido con adultos. No hay que olvidar que los hermanos son fuente importante de compañía y muchos recuerdos imborrables de la infancia son las experiencias vividas con ellos.
Rol de padres
Como padres, lo primero es comprender que los conflictos son parte de las interacciones humanas y no "temerle" a lo que ocurre entre hermanos. La psicóloga Ximena Contreras plantea que se deben validar dentro de la familia todas las emociones, incluidas las de rabia y frustración.
“Lo importante es delimitar la manera en que se expresan. Por ejemplo, si un niño está enojado y le pega a su hermano, sí se puede definir con anterioridad qué pautas se deben seguir. La clave para evitar que el conflicto sea mayor o no se resuelva es determinar los criterios de lo que se acepta o no en la familia”.
Como el tema de la justicia es "crucial" en esta etapa, al momento de definir "quién tuvo la culpa" debe escucharse a ambas partes y sólo si es claro "quién empezó" se puede emitir un juicio. De lo contrario, conviene ayudarlos a ellos a enfrentar el problema, siempre que se les haya dado el tiempo antes para que lo resuelvan por sí solos y no intervenir inmediatamente.
A juicio de la especialista, lo importante como papás es no dar preferencias a un hijo, ya sea porque es más chico, es mujer o está enfermo. “Para no generar rivalidades entre ellos, hay que tratar de escuchar a todos, fomentar la resolución de conflictos y ser modelos de ‘peleas’. Hay que tener en cuenta que si como padre ‘peleo por todo en todas partes’, los hijos lo imitan. A esta edad los papás son los modelos primarios. A veces son ellos quienes fomentan, con sus actitudes, los celos entre hermanos, por ejemplo, dando preferencia a uno o haciendo diferencias al demostrar cariño”.
Un modelo de convivencia
Dar buen ejemplo es clave. El principal método de aprendizaje de los niños es la observación. Si una pareja pelea fuertemente entre ellos y/o responde agresivamente a los hijos, no puede esperar que reine la paz entre sus hijos. Se debe tener presente que la violencia de los padres traumatiza a los niños y los hace más agresivos. Por ejemplo, el garabatearlos o pegarles.
Algunas pautas para prevenir grandes conflictos y entregar el mejor modelo de convivencia son:
*Controlar la observación de modelos extrafamiliares, sean reales o simbólicos. Por ejemplo, juegos de video, películas, casas de familiares o amigos que no sean adecuados en este sentido, etc.
*Brindar a los hijos la oportunidad de tener relaciones sociales pacíficas. Llevarlos al parque, invitarles amigos a la casa y que jueguen con sus hermanos. Tener amigos en común entre los hermanos une mucho y los entrena para que entre ellos sepan jugar.
*Felicitarlos y regalonearlos cuando jueguen entre ellos en forma armónica. Puede por ejemplo decir: “Han jugado muy bien, como verdaderos hermanos ¿vamos a ver una película?». Se debe recordar que si se refuerza lo positivo la conducta adecuada se hará más frecuente y disminuirá la contraria.
Claves para enfrentar las peleas
La psicóloga recomienda ayudar a enfrentar peleas entre hermanos en base a cuatro etapas:
* Identificar cuál es el problema. Por ejemplo: "los dos quieren un mismo juguete"; “el menor le quitó algo al mayor”, etc.
* ¿Qué pueden hacer para resolverlo? Algunas soluciones son: hacer turnos, decretar que ninguno lo usa o un día uno u otro. Deben incluirse todas las soluciones posibles.
* Definir cuál y cómo aplicar la estrategia.
* Evaluar resultados y cambiar de estrategia si la primera no resultó.
fuente: padresok.com
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