Hace miles de años existió una civilización magnífica. Una civilización que fue creciendo hasta convertirse en la más fuerte e importante de su época. Una civilización perfectamente organizada, con una administración estructurada y una sociedad ordenada: la civilización del Antiguo Egipto.
Ya en aquella época había todo tipo de trabajos y cargos, desde campesinos y artesanos (orfebres, joyeros, pintores, escultores y demás), pasando por constructores, arquitectos y ministros (de asuntos exteriores, de economía, etcétera), hasta llegar a la cima, donde se encontraba el Faraón, que, en compañía de su Esposa Real, era el encargado de dirigir el estado y era considerado un dios.
Los antiguos egipcios rendían culto a una multiplicidad de dioses, en los cuales creían firmemente y a los que destinaban la construcción de templos y diversas ofrendas. Además, cada dios tenía un conjunto de sacerdotes y sacerdotisas encargados de velar por ellos. El estar en paz con los dioses era importante para luego, después de la muerte, al ser juzgados por Osiris, poder disfrutar de la otra vida en Occidente, el Más Allá.
Por este motivo los antiguos egipcios, que creían en la resurrección, enterraban a los faraones momificados, con toda una serie de manjares y objetos para que al rey no le faltara de nada cuando cruzara a la otra orilla.
Y yo me pregunto: ¿cómo una civilización tan magnífica, que incluso consiguió expulsar a los Hicsos, invasores durante más de cien años, de su territorio, pudo desaparecer sin no dejar más rastro que algunas de sus construcciones?
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