Según el estructuralismo el ser humano como tal no existe porque su base conceptual originaria ha cambiado de modo que ahora o en adelante sólo se concibe un resultado cambiante por una cultura social, y esto quiere decir que comporta toda verdad una estructura. Lo verdadero del ser humano anterior es irrecuperable en cuanto a que “ahora” es un resultado o algo distinto.
Ahora bien, ese “algo distinto” ha trascendido y, en efecto, la verdad ha trascendido de lo que fue –no de lo que no fue- pero, además, se ha superado a sí misma –lo que supone toda adaptación o evolución- desde el contexto natural, no desde el exclusivamente simbólico.
Sí, en cuanto se habla de lenguaje a veces se extrapola a que es un condicionante que lo ha determinado todo, incluso toda verdad o noción de realidad. ¿Es eso así? Por el ser humano la verdad está dicha de una forma lingüística que expresa proposiciones –informaciones verbales o formales-, luego “toda teoría de la verdad de las formas lingüísticas tiene que presuponer la teoría previa de la verdad de las proposiciones” –como decía Sellars -, salvarse de su puro lenguaje.
Pero, el lenguaje forma parte epistemológicamente del mismo conocimiento –del transmitirlo-, o sea, si existe el conocimiento es porque sólo se transmite ya sea por una vía primitiva del lenguaje o de otra en cuanto a que un ser vivo es receptor de informaciones que les transmite –o inevitablemente le ofrece- el entorno; esto es, el conocimiento no está sin el sujeto, sino está “dándose” al sujeto o el conocimiento está haciendo al sujeto, por lo que está predispuesto para él.
Digamos que, del mismo modo que la autorregulación está predispuesta para un ser vivo, el conocimiento es un resultado progresivo de una interacción de ese ser vivo con el entorno; por ende, esa autorregulación se encuentra reglada en coherencia comunicable con la existencia real del medio.
Al lado de esto, la mente humana construye un sistema propio a través de la cultura que le favorece su socialización; sin embargo, la naturaleza también lo hace con una “cultura natural o evolutiva”. Más claro: todo sistema depende –“subsiste”- de lo que le ha permitido trascender o… expresa su pasado, puesto que tal es una expresión que ha adquirido “continuamente”, no que “ahora” ya tiene desde la nada o irrealmente.
A razón de tal inherencia, es cierto, sí, que ningún saber puede pretenderse desde un punto cero o “hacer tabla rasa” sin contar con lo anterior; luego el ser humano no es un ser “arrojado ahí”, aunque sea un resultado único conceptualmente, sino –en consecuencia- trascendido ahí. Pues el resultado único no es lo objetivo (Dios, el monoteísmo, es un resultado único), más bien el resultado trascendido por una coherencia o significación coherente. Y, ¡ya!, esto no implica la imposición de un comienzo, únicamente la advertencia de causas coyunturales o cíclicas que infieren al ser y a su lenguaje. Así, desde luego, la filosofía hermenéutica – o la etnolingüística- puede considerar que representa o interpreta o “dibuja” la realidad a partir de mitos, del arte o de los símbolos; pero eso denota demasiado, demasiado o exagerado simplismo: el lenguaje no representa sino es, y es la predisposición que le ha permitido esas opciones.
El concepto -o el símbolo de cualquier índole comunicativa- es el único puente para “decir la realidad”. Por ello, para que exista el conocimiento, el consciente, primero habrá que decirlo –en eso consiste-; porque “ser consciente de la realidad” –lo objetivo- implica reconocerla y, este reconocimiento cualitativo, aumenta con un mayor y coherente lenguaje (en los animales existe un reconocimiento primitivo o conciencia reducida, pero tal conlleva más objetividad al no ser vulnerable por la sugestión).
En el conciencismo de Berkeley se señala o se argumenta que “yo soy” y, puesto que reconozco que soy, ya estoy más capacitado “para la conciencia”. El concepto capacita, sin lugar a dudas, por ser -en el lenguaje- un instrumento capacitador de advertencia de la realidad. “ Esse est percipi ” ( Berkeley ), eso es reconocido como realidad, no como nada, sino como “algo” dicho, advertido.
fuente:topia.com.ar
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