La fecha exacta en que el sonido comenzó a experimentar síntomas de libertad con el jazz es poco precisa.
Las primeras grabaciones se registran en 1917, pero ya este género existía desde hace 20 años en un estado embrionario, fruto de las influencias del blues, spirituals y rag time, entre otros sonidos afroamericanos. Según los historiadores del jazz, sus primeros intérpretes fueron músicos sin ninguna educación en la materia, ya que tocaban las melodías de forma continua ni leían música, sólo añadían ciertas variaciones e improvisaciones, que con una estética que hechizadora, siendo este elemento lo que se convertía en el espíritu emblemático del jazz. No en balde le llaman la música de los músicos.
Este género musical, que marcó la emancipación del sonido, fué concebido en el “útero” de Nueva Orleans, a raíz de las notas improvisadas que se tocaban durante las marchas de esta ciudad estadounidense, y donde la música conformaba una parte trascendental en la vida cotidiana de sus habitantes. Para los años 20, los músicos de jazz fueron emigrando a otras ciudades, como Chicago, que para ese entonces se convirtió en el centro del jazz y se dieron a conocer importantes bandas como la de King Oliver y Louis Armstrong, quien con sus brillantes improvisaciones impuso una gra influencia que trazaría una nueva etapa en el jazz.
Una evolución contínua en esta especie musical afloró y desde entonces, no para. Surgieron nuevos estilos, entre ellos el revolucionario ´bebop` que hacía sonar algo diferente al jazz que se difundía para ese entonces y que era dedicado más a los salones de baile. Sus creadores fueron el saxofonista Charlie Parker y el trompetista Gillespie. A este estilo le siguieron otros, como el ´free jazz`, ´rag time`, ´swing`y el que predomina en esta nueva generación, el de ´fusión`.
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