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escrito por euroresidentes.com
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viernes, 23 de junio de 2006 |
La amistad es otro nombre del amor, una hermosa perla de vida, brillante, digna de cultivar. Sus caminos son extraños.
El batallón se había replegado del campo de batalla a un refugio. La contienda era cruelmente combativa.
El soldado muy triste pidió permiso a su oficial para rescatar al amigo del alma que no había regresado.
- «Permiso denegado, soldado. El que no ha vuelto está muerto.»
El muchacho no encontraba consuelo y sentía una necesidad poderosa de buscar a su compañero.
Siguiendo un impulso superior se escapó sin autorización. Al poco tiempo regresó malherido, arrastrando con gran esfuerzo el cuerpo de su querido amigo. El oficial lo recibió indignado:
- «Soldado, se da cuenta lo que ha hecho: ahora tenemos dos muertos más en la Compañía. ¡No comprende que no ganó nada en ir a buscarlo, que es lo mismo...!»
- «No señor, no es lo mismo. Cuando llegué, él todavía estaba con vida, maltrecho. Cuando me vió, su rostro se iluminó, y alcanzó a decirme en voz baja: ¡Mario... estaba seguro que me venías a buscar...! y murió».
La ley de atracción que opera con total sabiduría en el amor, nos motiva a realizar acciones que responden a la libertad, no a la autorización. Sus consecuencias suelen sorprendernos por la osadía que encierran y la nobleza que las protege.
Una vida sin amistad tal vez no tenga riesgos sorpresivos, pero carece de brillo y de grandeza.
No es lo mismo perder una batalla que ganar un reino, invisible pero mágico.
Sin amistad... ¡no es lo mismo, señor!
Fuente: www.euroresidentes.com
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