A mis amigas consuelistas ¡Cuántos recuerdos! ¡Cuántas travesuras! ¡Cuántas penas y alegrías!Han pasado más de 40 años desde que empezamos a compartir momentos inolvidables, momentos que hasta hoy recordamos y volvemos a reír o a llorar; pero es maravilloso que aquellas niñas de primaria nos hayamos acompañado en el camino de la vida apoyándonos, sintiéndonos todas para una y una para todas. Hasta hoy es muy grande el cariño y la amistad que nos une, basada en el respeto, la tolerancia y la honestidad.
Hemos estado juntas en las buenas y en las malas. Dos se nos adelantaron a la vida eterna, pero las que todavía estamos aquí, en la Tierra, cumpliendo con la misión que a cada una de nosotras nos encomendó el Señor, vivimos pendientes de acrecentar y fortalecer al máximo nuestra vieja amistad. Somos 15, número que nos permitió, al cumplir dicho número de años, hacer a un lado las calcetas y compartir nuestros primeros bailes, nuestras primeras ilusiones, esperanzas, objetivos y metas.
Y en este febrero, mes del amor y la amistad, quiero hacer un reconocimiento a estas cuarentonas que, cuando nos reunimos, reímos como cuando éramos niñas o adolescentes, sólo que ahora usamos anteojos para leer el menú del restaurante y nos molesta el frío y la humedad mucho más que hace 40 y tantos años, pero el sentimiento de hermandad sigue vigente y pido a Dios Nuestro Señor que nos permita apoyarnos también cuando la vejez nos llegue y que podamos seguir sintiendo la ilusión con la que esperamos nuestras reuniones; hemos aprendido por medio de esta amistad que tal es el sentimiento más noble que existe, pues hasta el amor en el matrimonio tuvo que haber sido precedido por la amistad. O al menos así era en nuestros años de juventud.
Entre nosotras hay de todo como en botica: solteras, viudas, divorciadas, casadas, odontólogas, médicos maestras, abogadas y mucho más. Pero esta diversidad nos ha unido más pues siempre estamos prestas a servirnos. Hemos vivido juntas nuestras bodas, los bautizos, los cumpleaños, las enfermedades y los problemas de nuestros hogares y de nuestros hijos, al igual que las penas y los sufrimientos. Hace unos meses fuimos a la playa y ahí, en pleno atardecer y teniendo los pies en la arena, nos tomamos de las manos y oramos dando gracias a Dios por la amistad, por nuestra vieja amistad y luego nos abrazamos con el cariño de siempre.
Tuvimos una gran maestra, que en vida se llamó Elda Flores de Sánchez, que fue la que nos inculcó y nos condujo por este camino de amistad y nos enseñó una canción con la que quiero terminar:“Amigas siempre amigas, juntas marchemos por la ruta de la vida, amigas siempre amigas, aprenderemos que tus penas son las mías. Amistad, amistad, que dulce sentimiento el alma goza, de un amigo en verdad, la alegría que siento me alboroza, amistad, amistad la de los hombres todos en la tierra, si es amigo en verdad que acaben ya los odios y las guerras”.
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